Mi diario: mi primera vez en San Francisco

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Era julio de 2005. Y mi primer gran viaje; iba a cruzar el charco. La aventura tenía por destino Fremont (California, Estados Unidos), al lado de San Francisco. Teníamos el viaje (alojamiento de los primeros días inclusive) supuestamente preparadísimo por nuestros padres; íbamos una amiga y yo, 17 años, a punto de entrar al instituto para hacer Bachiller -recién salidas del huevo, como quien dice-. Lo pasamos EN GRANDE.

Andrea y yo (Marta) estábamos super exciting (“emocionadas”). Todavía no sabíamos qué suponía “despelotarse” para pasar el control de seguridad y el pequeño susto de la aduana, reducido gracias a que nos encontramos con que el personal era mexicano (¡nuestro inglés todavía estaba un poco verde!). La cuestión es que yo solamente podía pensar en que iba a visitar la ciudad de la gran serie Full House (Padres Forzosos), donde aparecía el guapísimo tío Jesse, además del puente de San Francisco, el Golden Gate, y el Bay Bridge.

Pero comencemos por el principio. El vuelo salía de Madrid y hacía escala en New York. De allí, llegaríamos a San Francisco (windy windy). Mi amiga tuvo la suerte de caer rendida y dormir durante casi todo el trayecto, a pesar de mi insistencia en mantenerla despierta. Solamente me quedaba una opción: mirar las fabulosas vistas, disfrutando del enoooorme trasto que nos hacía cruzar el cielo físico. En mi cabeza no paraban de sonar canciones con la palabra clave “San Francisco”: If you’re going to… De Clapton al Have a nice day, de Stereophonics. En fin, qué os voy a contar de esto que no sepáis, melómanos.

Continuando donde lo habíamos dejado, “en las nubes”, nosotras íbamos bien tranquilas con nuestra pulsera de Very Important People (VIP), que, gracias a no haber cumplido todavía los dieciocho, nos pusieron en la capital española. Hasta que aterrizamos en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, ya en Queens. Dos imprevistos iban a pasar y, como tal, nosotras, ni lo sabíamos, ni estábamos preparadas. El vuelo de Madrid-New York iba con retraso; la “pulserita” nos salvó de la idea de perder el siguiente avión directo a nuestro destino. Nuestras primeras impresiones de los negros de Manhattan que conocimos fueron, si bien estereotipadas pero bastante verosímiles, muy gratas: una señora del personal del aeropuerto, muy amable, en un americano muy suyo, nos montó en un pequeño cochecito con el único objetivo de ir a toda leche sin atropellar a los otros pasajeros del mundo.

¿Qué pasó al final de mi primera laaarga experiencia on the air? Pues que, no solamente no perdimos el segundo avión, sino que tuvimos que esperar dos horas dentro del mismo porque había tormenta en NY (recuerdo a mi amiga, adormilada, preguntándome:-Marta, ¿dos horas más? ¿Ha dicho eso? ¡Noo!).

Sanas y salvas, llegamos, tras unas 13 horas de vuelo, a la casa de mi amiga Luisa, a Fremont. Mi primer jet lag sería horroroso, pero sabía que me encontraba arropada y en perfecta compañía.

El resto del mes pasaríamos por el tipo de aventuras y desventuras dignas de todo buen viaje. Y aprenderíamos inglés, y tendríamos “sustos”, pero muchas más alegrías. Pero eso os lo contaré en el próximo capítulo.

 

(Fotografía de Marta, una servidora, entre la niebla perenne y el vintage añadido que aclimata el Golden Gate)

 

 

 

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2 thoughts on “Mi diario: mi primera vez en San Francisco

  1. ¡Qué historia tan bonita! Suena muy bien el comienzo de esta aventura adolescente je je ¡Espero impaciente el siguiente capítulo!

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