Cafés de Paris, conversaciones de Lenin y Hemingway

Torre Eiffel, Museo del Louvre, Catedral de Notre Dame, Museo d’Orsay, Arco de Triunfo. Todo esto nos induce a pensar en una única ciudad: Paris, o París. Además de la idea de viaje romántico paseando al lado del Sena. Aunque la competencia con la ciudad italiana de Firenze, Florencia, es feroz, un viaje a la capital de Francia merece un post preparatorio. Y diferente. El artículo de Carmen Franzosi ya sirvió para abrir boca. Esta vez, preparad un café antes de empezar a leer. Por cierto…¿sabéis la historia de las cafeterías de París?

París y cafés: igual a “bohemio”. ¿No? La historia de los cafés franceses daría para escribir un libro con muchos, muchísimos detalles. La guía visual de El País-Aguilar recoge algunos de los datos más significativos. La orilla oeste parisina ha escuchado las tertulias de los artistas, escritores e intelectuales con más renombre de los últimos tiempos. Como curiosidad, cabe mencionar que el primer café de la historia se remonta a 1686, cuando se inauguró Le Procope. Con la modernización de las calles de la ciudad, especialmente con su ampliación en el siglo XIX -cuando Haussmann-, los bulevares y las terrazas empezaron a prodigarse. Varios gustos confluían e influían en el café, y en su estilo: el billar, el dominó o el ajedrez. Por los cafés de París se pasearon también los oficiales de la guardia real del Primer Imperio, que hacían su tertulia en el Café D’Orsay, o los financieros, en la Rue de la Chaussée d’Antin. Otros nombres propios importantes fueron el Café Tortini y los establecimientos cercanos a la Ópera. Aunque los más conocidos son St-Germain y Montparnasse, este último el preferido por los rusos Lenin y Trotski. Por su parte, los escritores estadounidenses, Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald a la cabeza, preferían beber en La Coupole.

La huella de los personajes que han ilustrado episodios de nuestra historia, dicen, todavía se puede escuchar entre sorbo y sorbo de café, en Les Deux Magots, en Le Sélect…Vale la pena comprar un vuelo directo a al capital de Francia, reservar un hotel, y comprobarlo.

 

 

 

 

 

 

Primera imagen cedida por Destinia, promotora del post.

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