Diario de Iris: un año en Goiânia, el “otro” Brasil

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Escapar, tomar aire para poder respirar, por ejemplo, marchándose a hacer un tour a BrasilIris es una estudiante -y JESP- alicantina que ha podido disfrutar de “la otra cara de Brasil”, Goiânia, con tan solo 22 años. Sin duda, me atrevo a decir que es y será una de las historias más interesantes que podréis leer en mi blog. Quedarse atrapado en Quito una semana, naufragar en el Amazonas, comprar un tarot, viajar por primera vez sola y de carona (“auto-stop”), vender piña en la playa…Aprender viviendo. Os dejo con ella.

“Era mi último curso en la carrera de Publicidad; con 22 años conseguí un intercambio de un año en Goiânia, una capital del interior de Brasil. Es la otra cara del país. Una zona agrícola de macro fazendas (granjas) y cowboys brasileiros. En el estado de Goiàs hay cascadas, colindas de cristal de cuarzo, leopardos, tucanes, papagayos, aguas termales y muy pocos extranjeros. Toda la gente que conocí allí siente un vínculo con la naturaleza, es amable y muy hospitalaria. He hecho amigos para toda la vida.

brasil Iba a la facultad en bicicleta esquivando a los macacos del campus hasta mis aulas de pintura, escultura, grabado… Nada que ver con la odiosa publicidad; ese año hice lo que me dio la gana y me animé a trabajar de modelo de dibujo en la facultad. Posaba para los alumnos que, luego, eran mis compañeros en la asignatura de grabado. Me lo pasé genial. Pero yo tenía muy claro que a Brasil iba, sobre todo, a viajar, así que siempre conseguía escapar una temporada.

En navidad, los cuatro miembros de la Casa Amarela, nuestra casa, y más amigos, viajamos a Chapada dos Veadeiros para celebrar el Fin del Mundo, porque, según la leyenda maya, este lugar sagrado prevalecería. Y prevaleció, y el resto del mundo también, así que recogimos todo y nos fuimos a Bahia a recibir el 2013.  Fue un sueño y me supo a poco; decidí que volvería de nuevo.

Dos meses más tarde, Katia y yo estábamos en la Paz (Bolivia), haciéndonos un tatuaje de hermandad; estuvimos acampadas en Sorata, donde me reencontré con Mario, un gran amigo mío. Nos bañamos juntas en las playas de Isla del Sol en el lago Titicaca. Está muy fría, pero mucho. El 23 de febrero llegamos a Machu Pichu, el día de mi 23 aniversario. ¡Objetivo cumplido! Bolivia es preciosa, pero muy dura, no fue fácil conseguir llegar justo ese día, recuerdo que luego no parábamos de llorar. Después de eso Katia se fue rumbo a Los Ángeles y yo me volví a Bolivia con Mario directa a las Cataratas de Iguazú.

En julio terminé las clases, guardé mis cosas y preparé la mochila de nuevo. Me encontré con Gemma, amiga de la universidad en Barcelona, el 15 de agosto, en Rio de Janeiro; pasamos un par de días y nos fuimos a Fortaleza. A partir de allí empezamos a travesar todo el norte de Brasil hasta Belem…de carona (“auto-stop”). Los camiones eran nuestro transporte favorito, las mejores vistas de la carretera. Acampábamos en la playa, pero si estábamos en carretera dormíamos en las gasolineras; a veces había alguna prostituta, pero nunca hubo ningún problema. La gente en Brasil te ayuda y te respeta, te abre la puerta de su casa y comparte lo poco que tiene. Una de nuestras caronas era dueño de un restaurante en Jericoacoara, y nos ofreció un lugar para acampar gratis. Cuando supo que éramos publicistas nos encargó diseñarle un menú nuevo para el restaurante y, a cambio, podíamos pedir lo que quisiéramos de la carta. Todo gratis y como reinas. Continuamos para visitar el parque de los Llençois Maranenses  y, en septiembre, atravesamos el Amazonas hasta Alter do Chao, con Ares y Ferran.

Después de descansar unos días en Goiânia, Gemma, Alê y yo salimos de carona hacia la frontera con Bolivia. Esta vez nos dirigimos al cerro de Potosí y el Salar de Uyuni.  Como ya he dicho, Bolivia no es para los débiles; comimos mal, nos pusimos enfermos, Alê se rompió un brazo… ¡el mal de ojo nos perseguía! Tuvimos discusiones y parecía que íbamos a abandonar varias veces, pero lo superamos juntos y llegamos a Cuzco. En teoría, mi viaje acababa allí y me volvería para Brasil a reencontrarme con un amor, pero los planes cambian y no todo sale como esperamos, así que los tres continuamos hacia las costas de Perú. En Huanchaco no hay mal de altura y el sol te calienta suavecito. Estuvimos aprendiendo a surfear, conocimos a todos los artesanos del pueblo. Uno de ellos, Kevin, tenia la habilidad de pintar con tiza en el suelo,  es muy bueno y viaja haciendo eso. Poco a poco surgió el amor entre Kevin y Gemma, y este pasó a ser un nuevo compañero de viaje más. Luego pasamos la navidad juntos y subimos a Ecuador, donde al final nos acabamos quedando otro mes. Allí realicé otro gran sueño; bucear con bombona de oxígeno y ver a los peces a mi alrededor, intentar seguirlos, ver a las tortugas nadar libres… Y aún hay más, mucho más. Me quedé atrapada en Quito una semana, naufragué en el Amazonas, compré un tarot, viajé por primera vez sola y de carona, regresé a los Llençois Maranhenses a ver el plancton brillar en el agua, volví a Bahía, viví en una comunidad, vendí piña en la playa, etc, etc, etc…

ecuador
No se puede resumir ni explicar todo lo vivido en este año y medio, hay miles de detalles que forman parte de esos recuerdos; las personas que amas, las que conoces, esas conversaciones que cobran un significado diferente al otro lado del mundo o las increíbles coincidencias que te hacen creer que sí hay un destino. Todo lo que aprendes y lo que sientes. Cuando vuelves ya no eres la misma, ni los otros los mismos. Siento que ahora es como volver a conocer a los amigos que dejé en España, siento que  me he hecho grande, y tengo mil ideas y proyectos que me gustaría comenzar. No sé si quiero trabajar en publicidad o no, no sé que quiero hacer ni que quiero ser pero me parece que lo voy a descubrir viajando. Por ahora a trabajar duro y a dar forma a esas ideas; noto que estoy en una etapa nueva de mi vida . Quiero prepararme para ella, para lo que sea que tenga que venir, y cuando tenga dinero ahorrado: fiiiuuuuuuuuu… ¡Volare!” De recomendable lectura: Vientos de Brasil (por el periodista Juan Arias)

Jericoacoara


(Fotografías de Iris: 1. La maravillosa costumbre llamada de carona

2. Macacos de camino a la escuela

3. Iris (derecha) escoge el Machu Pichu para celebrar su vigésimo tercer aniversario, con su compañera de viaje Katia

4. Buceando en Puerto López, Ecuador

5. Puesta de sol en Jericoacoara)

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