Rafa y su proyecto final de carrera en Salvador de Bahía

brasil “Me preguntaron si quería ir a Brasil, y dije…¡pues claro que sí! (risas). ” La culpa fue del profesor de la asignatura de Cooperación para el desarrollo. Rafael es ingeniero electrónico. Hace siete años pasó seis meses en este país, concretamente, en Salvador de Bahía, gracias a la beca Promoe. Asegura que la experiencia le hizo regresar a España con un “buenrollismo” tan “increíble” que lo único que quería a su vuelta era “expandirlo”. El otro día charlé con él un buen rato, así que si queréis conocer más acerca de su experiencia personal y descubrir este trocito de Brasil,  ahora es el momento. Vale la pena (y esto no lo digo de todos los artículos).

Primeras impresiones: llegar y conocer el terreno

¿Cómo puedo aprovechar mis conocimientos tecnológicos para realizar una acción social? Ese es el pensamiento que le rondaba por la cabeza a Rafa, ingeniero electrónico que pasó seis meses en Brasil, cuando comenzó a plantearse su proyecto final de carrera. Concretamente se tituló “Proyecto de cooperación en la Fundación Pierre Verger de Salvador de Bahía -en Genvelho-”. El ingeniero nos cuenta la historia, muy interesante, de esta fundación: “Pierre Verger era un francés de la alta sociedad que, en medio de una crisis existencial, decide viajar. Empezó por África, llegó a España en bicicleta…y acabó en Salvador. Un lugar que le encantó porque le recordaba a la cultura africana (la gente de Salvador son descendientes de los esclavos de África que llevaron allí). Fundó esta organización con intención de mantener sus fotos y los estudios que había realizado en su giro por el mundo.” Y así…hasta que llegó Ángela, alemana, directora actual de la Fundación, artífice del espacio cultural Pierre Verger, dedicado a la labor social, sobre todo dirigido a niños. Aquí es donde Rafa pudo formarse, impartiendo clases de matemáticas y física, entre otras muchas cosas. 

Segundas primeras impresiones: búsqueda de piso

Rafa se marchó sin saber portugués -me recuerda cuando fui a Italia-, y el siguiente paso fue el choque cultural y visual. “Recuerdo llegar y encontrarme con un gran contraste: paisajes tropicales, con palmeras, y un calor increíble. Más del 90% de la población es negra, algo a lo que, lógicamente, no estaba acostumbrado.” Al principio, estuvo en una casa que le facilitó la Fundación donde hacía el proyecto (un par de meses). Después, se cansó de estar solo y se fue a compartir piso con un amigo brasileño. Vivió la mayor parte del tiempo en Salvador de Bahía.

Vivir en Salvador

En Salvador, Rafa conoció el Pelourinho (casco viejo). También se desplazó hasta la isla de Itaparica. Recuerda el río Vermelho y la “moqueca de peixe”. Dentro del estado de Bahía, llegó hasta Chapada Diamantina, Ilhéus y Olivenza (más al sur). “Me faltó el Amazonas”, se lamenta. Le pregunto qué solía comer, y me responde que acarajé (“acarayé”), una especie de bola de alubias machacadas fritas con aceite de dendé -aceite de palma-, al que se le añaden verduras secas. “Está riquísimo”, apunta Rafa.

“No soy muy de generalizaciones, pero en la zona en la que estuve, percibí mucha violencia, lo que se puede traducir en una carencia afectiva. Había gente muy cariñosa, chavales que, de repente, tenían comportamientos rebeldes…”.

Rafa confiesa que dos de las semanas más felices de su vida se sucedieron en su viaje a caballo entre Ilhéus y Olivenza. “Tuve la oportunidad de adentrarme en el poblado indígena de los Tupinambá, acudir a una de sus reuniones, dormir en mitad de la selva…”. Recuerda, entre risas, que los niños de la tribu se reían de sus zapatillas de masero -calzado típico de los labradores de la zona catalanohablante que todavía, a día de hoy, se utilizan.

Consejos prácticos

“Aconsejo que la gente evite parecer turista y… ¡que vaya a un rito de Candomblé!”. Siete años después, en la cabeza de Rafa resuena el eco de las batucadas, la bossa nova, el forró y el axé. El Carnaval, sin embargo, le decepcionó. Le gusta la música -toca la guitarra española-. Por último, se muestra totalmente en contra de la “limpieza”, especialmente en las favelas, que se está realizando en el país con motivo del mundial.

Le pregunto si quiere volver. No sabe…o no quiere pensarlo: “La vida dirá”.

 

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