Tres días en Salamanca

Visitar Salamanca es imprescindible: A) si eres joven, B) si te gusta comer, C) si te gustan las ciudades con personalidad. Hemos escogido descubrir este rincón de Castilla y León para este precioso artículo que os dedicamos.

Lo primero: sus personajes

No puedes ir a Salamanca y no conocer a la que desde ahora queda bautizada como “la señora del bolígrafo“. Esta mujer, de pelo rizado y curioso, es una de las guías más ‘serranas’ y ‘salás’ que encontramos si hacemos la Ruta Monumental, la que fue nuestra primera opción nada más llegar. Un paseo interesantísimo que parte de la Plaza Mayor y recorre desde la Catedral hasta la Universidad (si hay tiempo). Con ella vas a descubrir el verdadero carácter salmantino, además de muchas anécdotas divertidas de la ciudad, sin olvidar la prestigiosa rana y el astronauta que el viajante debe descubrir.

Precisamente en la Catedral, hay dos atractivos más: un salmantino que viene de Taiwán y que toca el violín como nadie. Con él se funden el violín y algunas de las canciones más a la moda de nuestros días, es decir, lo clásico y lo contemporáneo que se respira prácticamente en toda Salamanca. Justo en el bar de al lado, se comen las mejores ‘patatas revolconas’ del mundo mundial. Antes, o bien después, recomendamos coger el tren para conocer las referencias clave y no perdernos (demasiado) por nuestro destino. El guía es un hombre con acento francés de lo más divertido.

Lo segundo: gastronomía

En este blog nos gusta el buen comer en general. Además de las ‘revolconas’, hay otros platos típicos en Salamanca: el ‘cuchifrito’ y el ‘farinato’. Este último es especial: una especie de huevos revueltos con chorizo, ¡y con harina! Si además, como nosotros, tenéis la oportunidad de llegar hasta La Alberca, es una obligación que pidáis el llamado limón serrano: una ensalada que mezcla los cítricos con el chorizo. Para chuparse hasta los dedos de los pies. Volviendo a Salamanca, recomendamos El Bambú, en el centro, para pinchos, y La Parrilla, en la zona de Van Dyck.

Lo tercero: la noche

Visitar la Casa Lis y su cafetería es un ‘must’. Tampoco os olvidéis de Mogarraz, una ciudad con retratos vivientes, ni de la Sierra de Francia. Pero perderse por la noche después de disfrutar de unas buenas vistas en El Mesón de Cervantes, en la Plaza Mayor, es necesario y vital. La noche salmantina admite todos los gustos: pero nosotros optamos por el rollito indie-rock. Desde Gran Vía, hasta el Potemkin, pasando por el bar Bender, ¡y el de justo enfrente! No, no os diremos el nombre. Os lo dejamos a vosotros para que nos lo contéis a vuestra vuelta de vuestro viaje a Salamanca, la ciudad más divertida de los últimos tiempos en España.

(Fotografías: son de Marta, quien firma el artículo)

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